Ciclicidad mujer

Las claves de la ciclicidad en la mujer

La ciclicidad de la mujer es la relación que existe entre su ciclo menstrual y el ciclo de la luna. La primera conexión entre ambos ciclos es que constan de unos 28 días de duración. Pero lo cierto es que hay algunas otras conexiones muy interesantes relacionadas con las etapas que vive la mujer, las cuales se deben conocer para vivir en mayor armonía.

Arquetipos para ayudar a entender la ciclicidad

Los arquetipos ayudan a modelar la forma en la que se perciben e interpretan las experiencias vitales. Estas experiencias y las respuestas que se le dan, guían la evolución en los estadíos del desarrollo personal de la mujer. En ese sentido, estos arquetipos la ayudan a acoger su complejidad y a aumentar su conocimiento acerca de su diversidad. Su finalidad última es la de poner en conocimiento que, a la hora de experimentar la vida, la mujer pasa por etapas que pueden reconocerse bajo dichos arquetipos.

Los ciclos, energía y fase lunar

Los arquetipos, o modelos de representación de las características de cada ciclo, permiten identificar y reconocer las energías, así como atender a las propias necesidades y deseos profundos para así avanzar por la vida con una mayor plenitud y autoconocimiento. Para profundizar en los ciclos, es necesario saber que existe una relación entre los de la luna y los de la mujer.

El cuerpo femenino pasa por cuatro fases: preovulatoria, ovulatoria, premenstrual y menstrual. Cada una de estas son etapas físicas que cuentan con sus contrapartidas en las siguientes cuatro fases lunares: luna llena, cuarto menguante, luna nueva y cuarto creciente. En tal sentido, cada una viene acompañada de síntomas físicos y emocionales.

Cuatro arquetipos para cuidarte

La Doncella encarna la fase preovulatoria y se la asocia a la Luna creciente y a la primavera. Manifiesta energías creativas y la explosión de la inspiración. Es un estadio en el que la mujer se siente con gran claridad interior, energía, fortaleza y vitalidad. Simboliza, a su vez, renovación.

La Madre encarna el momento de la ovulación y se la asocia a la luna llena y al verano. Simboliza la conexión a la fuente de vida, no solo asociada al ser humano sino también a la generación de proyectos.

La Hechicera encarna la fase premenstrual y se la asocia a la luna menguante y al invierno. Simboliza la conexión con el interior, la introspección para iniciar una transformación. Viene acompañada de una sensación de frustración, angustia y cansancio, por lo que se vuelve importante la canalización de emociones.

La Anciana encarna la fase menstrual, asociada a la luna nueva y al invierno. Es una fase de descanso, introspección y conexión profunda con una misma para renovarse mental, física y espiritualmente.

Una vez conocidas las etapas de la ciclicidad, la mujer puede crecer en armonía. Si quieres adentrarte más a fondo en todo lo que representa la ciclicidad, contacta con Naturaleza Esencial.

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